Pia Andersen

Sobre la pintura de Pia Andersen

2006, "Líneas en paisaje", exposición individual, en Galleri Heer, Oslo; Noruega. - Texto:  Øystein Hjort, doctor en Historia del Arte

El abedul y el roble
Desde finales de los años 90 el paisaje ha jugado un papel muy importante en las pinturas de Pia Andersen. Es obvio que tanto la luz como el color hayan llegado a ser dos elementos cada vez más significativos para la artista. Quizás tenga que ver con un deseo de evocar y sintetizar las cualidades inmanentes de un paisaje específico, como lo ve y experimenta ella.
En la actual exposición se encuentra el observador ante toda una serie de obras en donde aparece una y otra vez un paisaje o algún aspecto de la naturaleza.  Se trata de una reflexión sobre un tema, que la va conduciendo a otros temas afines. Al observar estas obras se siente uno seducido, se siente confundido: uno cree ver algo y luego se da cuenta de que es otra cosa de lo que se creía. Unos árboles o unos troncos aparecen densos y compactos sobre el lienzo, pero siempre en tonos suaves y llenos de poesía que le sobresaltan al observador. Uno necesita mirar de cerca con atención. Se está delante de, por ejemplo, un cuadro de troncos esbeltos, estirándose hacia arriba, son casi blancos y a pesar de su carácter nudoso parecen estar, de alguna manera, meciéndose suavemente. Ramas no hay. Estos árboles son abedules. Y ya que se exhiben las obras precisamente en Noruega, me viene a la mente un poema noruego:
“Un abedul joven está junto al fiordo, junto al espejo del agua./ Qué alto se ha vuelto, qué bello, durante el año que llevo yo aquí! Mira, cómo el tronco blanco se levanta de la orilla plana...”
El poema “El joven abedul” es del artista noruego Jørgen Moe (el mismo escritor que en colaboración con Asbjørnsen ha editado Copilación de Cuentos, una obra, que forma una parte importantísima del legado cultural de Noruega). Sin embargo, los abedules de Pia Andersen no son abedules. Son robles españoles, como los ha mirado, los ha experimentado y percibido la artista. Son los árboles con los que convive todos los días, los árboles, que la rodean en su nuevo hogar en Cuacos, España.
A pesar de ser robles los troncos esbeltos, que una y otra vez aparecen en los cuadros de 2005, se inspiran no obstante, en un cuadro de un abedul (2004), en donde se observa una combinación de elementos como piedras grandes, rocas y musgo y en donde el abedul apunta hacia una visión pisajista, algo que se va acentuando en las obras que lo siguen, en las que el tema indudablemente ya es el paisaje. El cuadro del abedul fue uno de los primeros en donde aparecen como tema los troncos. La aparición de la encina está íntimamente relacionada con la manera en la que Pia Andersen percibe y concibe la naturaleza  y el paisaje: En Extremadura, que es en donde vive ahora, abundan los robles; son árboles silvestres, bajitos y aún rectos, que forman bosques pequños y que, en fotografías, parecen un fenómeno interesante para los que no los conocen de cerca. Pero en el caso de Pia Andersen los troncos, los árboles, se van transformando en algo más que a la vez revela cómo trabaja la artista con el material artístico.
Lo más sobresaliente y lo que más salta a la vista al observar los trocos de Pia Andersen es el color. Lucen un color casi blanco, pero a la vez están llenos de manchitas, mosqueteados, por lo cual dan la impresión de ser ya muy antiguos, carcomidos por el tiempo. En uno de los cuadros el fondo de los troncos es rojo y en otro azul (los dos son de 2005). Estos fondos tienen una superficie vibrante, llena de centellos, y son de tal densidad que parecen casi tangibles. Esta materialidad tan caractéristica de los cuadros se debe a que Pia Andersen no utiliza nunca el pincel; aplica los colores por medio de una spátula; parece casi como si estuviera argamasando el color igual que un albañil. En los últimos años ha trabajado con lienzos muy grandes y cuando ya han obtenido la mensionada materialidad en el color es posible para la artista ver, cómo interactúan las superficies y la luz. Y es la materialidad de los colores en combinación con el juego de luces que dan la impresión de una vibración de luz. En total, la luz juega un papel primordial; es justamente la luz que es el punto de facinación en donde se realizan la intención y la experiencia.
Son cuadros que percibimos y aceptamos como paisajes; y aunque se inspiran, sin duda, en paisajes reales, no seremos capaces de ir a buscarlos en la realidad.
La artista ya lleva tiempo creando paisajes muy suyos y anuncia que seguirá trabajando todavía un rato el tema de los robles y los troncos esbeltos. Cuadros como “La luz entre los troncos” y “Visto por entre los troncos” (de 2005) llevan títulos muy adecuados ya que apuntan hacia la intención y comunican tales experiencias. Vemos por entre los troncos, pero no vemos lo que hay detrás o del otro lado de ellos. Lo que vemos es la luz, y es allí en donde se percibe la construcción del cuadro. Se hace por medio de la aplicación del color en capas, múltiples capas, y son las capas las que tienen una función catalizadora. Apareció en los cuadros el color verde, y se ve que es un color que le atrae mucho a la artista. Sin embargo, abundan también los colores amarillo, azul y ultramarino, y este último se nota especialmente en donde la luz vibra entre los troncos.
Es bien posible que el empleo del color ultramarino tenga que ver con las estancias largas de la artista en México, en donde se considera este color como un color frío, mientras Pia Andersen lo considera un color cálido. Obviamente, existe una relación estrecha entre paisaje, árboles y troncos. Los vemos y nos damos cuenta de que surgen de una experiencia personal e intensa, que a la vez es una interpretación y una meditación sobre el tema elegido.
Los cuadros de esta exposición no son evidentes, sin embargo son más fáciles de abordar que una serie de obras que produjo la artista para El Centro de Cultura y Congresos en Ålborg, Dinamarca, en el año 2004. En esta serie de cuadros el tema es el campo plano y silvestre. A primera vista tienen un parecido con los cuadros de Anselm Kiefer de los años 80, pero son muy diferentes en cuanto al color y poesía. Revelan la familiaridad de la artista con el paisaje del norte de Dinamarca en donde creció, ya que son paisajes muy daneses de los cuales emanan la luz nórdica y son  paisajes inspirados en la región pantanosa cerca de Ålborg. Cuando la apuntaron para el cometido fue muy importante para la artista que los cuadros tuvieran elementos que se relacionaran con el lugar.

Vista hacia adentro y vista hacia afuera.
La manera en que Pia Andersen utiliza los colores y su técnica en cuanto al color revela algo de sus orígenes como artista, pero también nos dice algo muy importante acerca de su vista y de su relación con el mundo. Según la artista, los años de estudio en la Academia de Arte en Cracovia, Polonia, durante los años 80 fueron claves y fueron años inapreciables de aprendisaje. En aquella época había gran efervecencia política en Polonia, había grandes enfrentamientos entre el gobierno comunista agonizante y el movimiento Solidaridad. Sin embargo, era un período también de una vida cultural muy rica y muy interesante y le tocó a la artista conocer a grandes personajes del mundo artístico, tales como el pintor y esceneógrafo Tadeusz Kantor, que jugó un papel significativo dentro de la vanguardia en Cracovia, y el director de cine Andrzej Wajda.
En la Academia de Cracovia fue muy difícil en los años 80 conseguir materiales. Antes de llevar a cabo cualquier proyecto en la Academia había que presentarlo ante los profesores que tenían que dar su permiso. En caso de que el proyecto fuera aprobado, era responsabilidad de los mismos artistas ir a buscar los materiales requeridos.
Concluída la estancia en Polinia, Pia Andersen exhibió por primera vez sus obras en Dinamarca y en Alemania.
El interés por el arte precolombino la condujo a México. Se instaló en el sur del país, en Oaxaca, y en la antigua ciudad colonial estableció un taller, en donde trabajaba principalmente con tiza de color y experimentaba con varias técnicas.
En las obras tempranas de la artista ya se nota su interés por la superficie y las estructuras. En aquel entonces, la artista fabricaba papeles de diferentes plantas y materiales naturales que luego aplicaba al lienzo antes de aplicar el color. Después dejó esta técnica y empezó a crear las superficies muy suyas por medio solo del color.
En la ciudad de Oaxaca Pia Andersen exhibió una serie de pinturas y trabajos en papel.
Después de aquella estancia en México en 1988 la artista ha visitado el país en varias ocaciones. La última vez fue en 2003 cuando acompañó al Primer Ministro danés Anders Fogh Rasmussen en su viaje oficial a México. Le tocó a la artista exhibir sus obras en el Museo de San Ildefonso en la Ciudad de México, dando a conocer una muestra de arte danés a próposito de la visita del Primer Ministro. Las obras exhibidas fueron las obras que hoy se encuentran en el mencionado Centro de Cultura y Congresos en Ålborg, Dinamarca. Durante la visita en México en 2003 también tuvo una pequeña exposición en la galería de Alejandro Gallo en Guadalajara.
Antes de su primera visita a México, la artista utilizó principalmente los colores blanco y negro. El encuentro con México y el arte del país provoca un cambio muy grande en cuanto a los colores en las obras de Pia Andersen. Se inspiró en los trabajos de Rufino Tamayo, en su uso del color y en la manera en que construye la superficie. Además se inspiró en los trabajos gráficos de Tamayo, sus llamados mixografías.
Ya que en aquel entonces Pia Andersen todavía utilizaba diferentes tipos de papel en sus cuadros vino a México con el prósito específico de conocer cómo hacen el papel amate los otomíes, unos indios de México. Conoció a un curandero otomí y pasó una temporada en su pueblo en las montañas en el estado de Puebla, en donde aprendió la técnica de cómo hacer el papel amate. Es el único lugar en donde se fabrica y para esta familia la producción de este papel formaba parte de su estrategia para sobrevivir. Siendo a la vez curandero este hombre poseía fuerzas mágicas y hacía papeles de color blanco y negro, los cuales utilizaba en diferentes rituales. El papel amate sigue formando parte de una mezcla de catolicismo y mágia todavía hoy en día. Pia Andersen pasó un tiempo en el pueblo para aprender todo el proceso del papel amate.
Otro sitio en México que llegó a ser una suerte de base para Pia Andersen fue el Museo de Antropología en donde estudiaba las culturas prehispánicas.
Después de sus primeros viajes a México la artista visitó otros países latinomaericanos como Guatemala, Belize, Chile, Argentina y Brasil. Pasó luego tres meses en Yucatán estudiando de cerca las ruinas de la cultura maya. Tanto los cuadros de aquel entonces como los de ahora parecen ser un conglomerado de todo lo visto, de todas las impresiones y sensaciones. Hasta cabe una sensación del sabor también. Así se hizo una suerte de cocktel de colores. Un color predominante durante un tiempo después de las visitas a México fue el ultramarino. Luego después de su visita a Brasil fue el color rojo. Llegó a utilizar estos colores después de un intenso estudio por medio de tiza de color sobre papel y experimentos con pigmentos de color.
En Oaxaca Pia Andersen notó que se utilizaban los colores de unas maneras que para ella eran distintas: Todas las casas estaban pintadas de diferentes colores, blanco, color de rosa, azul marino o azul claro. Notó que allí había una arquitectura en donde se juntan planos, superficies, rayas y colores. En sus trabajos Pia Andersen revela sus conocimientos de los estudios recientes sobre el uso de colores y símbolos entre los mayas y los aztecas y los integra libremente y según sus interpretaciones en sus obras.

Otra vez – el paisaje
Después de varios viajes a América Latina surgió en la artista el deseo de volver a Europa y de ir a otras partes. Viajar ha sido simpre de suma importancia para ella; esta movilidad le ha dado la posibilidad de concentrarse en lugares nuevos, de inspiración nueva, de retos nuevos. Se fue a Francia e Italia. Pasó dos meses en Venecia, dos meses que tuvieron gran repercución en sus obras. Siempre cuando viaja saca muchas fotos; posee ya una colección muy vasta de fotos. Se puede decir que representan lo que para otros artistas representa el albúm de esbozos. A Pia Andersen siempre le ha parecido difícil hacer apuntes y bosquejos; pierde la concentración, dice, y prefiere la rapidez de la foto. Las fotos revelan relaciones. Una foto por ejemplo de un terreno árido con unos troncos torcidos indica una relación con los paisajes de Extremadura como los ve y los siente la artista. Lo mismo es el caso de otras fotos como una foto de arbustos en filas horizontales, o una foto de Venecia, en donde Las Procuradurías parecen un suelo que se refleja en el agua un día llovioso. Otra foto fija una playa con piedras y algas; es bajamar y hay vista a un mar lejano. Tales fotos representan una síntesis de unas impresiones que la artista va transformando en paisajes que representan una interpretación de su carácter y singularidad. En sus obras tempranas los paisajes no eran propiamente paisajes, sino rayas y líneas, un acercamiento que poco a poco se fueron transformando en los paisajes que vemos por ejemplo en la actual exposición. “Todo depende de lo que ven los ojos, y de cómo ve ella misma”, dice acerca de su idea del paisaje. Y agrega “el paisaje para mí también representa una excusa para trabajar la estructura de una superficie grande”. Es bajo el horizonte, quizás con unos campos silvestres. O se nota el horizonte sobre la playa: una vibración de colores entre el cielo y el mar. Los paisajes españoles, pintados en el año 2006, son obras primaverales, obras llenas de flores silvestres y colores espléndidos. Son colinas o tienen la estructura de terrazas, “cuadros de terrazas”. Sus cuadros parecen ser una reflexión contínua sobre el paisaje y la naturaleza, una reflexión cada vez más rica, cada vez más amplia.