Pia Andersen

Adentrarse en el paisaje

Unos cinco o seis cosas que sé de la obra de Pia Andersen.

1998, exposición monográfica, "Paysage", en DCA Gallery, Nueva York. - Texto: Torben Weirup, Crítico de arte en el periódico danés, ¨Berlingske Tidende¨.


Las obras más recientes de Pia Andersen cuentan del paisaje.
El paisaje no es un tema desconocido en el arte de la pintura, sin embargo los cuadros de Pia Andersen tratan el paisaje de una manera muy suya, hasta se puede decir que sus cuadros son paisajes.
De inmediato, es difícil ver qué representan estos cuadros. Los lienzos no presentan panoramas vertiginosos de paisajes arcáicos, no inmortalizan montañas, ni buscan el idilio íntimo de un jardín, ni la grandeza desgarrada del mar, ni la dulzura famliar del campo cultivado. Ni siquiera aparece en ellos una línea horizontal que le ayuda a uno orientarse o que hace que haya división entre el cielo y la tierra.
Los paisajes de Pia andersen no son abstracciones que captan una parte de la naturaleza en borrosas brumas impresionistas o expresionistas, como cuando uno contempla el mundo a través de unos lentes empañados.
La pintura abstracta requiere del artista una interpretación personal del paisaje (aunque este es el caso de todos los paisajistas); el punto de partida de un paisajista abstracta es un panorama y a la vez un “paisaje interior”, un paisaje psicológico, y luego tiene que buscar una forma que sea otra que la de la realidad, tanto la externa como la interna, o dicho de otra manera, el paisajista tiene que recrear dichas realidades por medio de la desfiguración.

Esto no es el caso de la obra de Pia Andersen. No es figurativa. No representa nada. Aún así cuenta de paisajes. Y antes que nada, de naturaleza. Está saturada de naturaleza.
Cuando está de viaje Pia Andersen toma notas y nada más. No coloca el caballete en los paisajes de otras partes del mundo que visita tratando de captarlos sobre el linzo; toma notas, hace bocetos de detalles de lo que ve, grabando en la mamoria la tonalidad de los lugares.
Los viajes limpian la mirada y saturan la mente de nuevas impresiones de los colores, pero el resultado no son representaciones de los lugares observados en el extranjero. Porque Pia Andersen guarda en su mente la tinta sobria, hay los dicen “la tinta melancólica”, de los países nórdicos, y para ella se trata de guardar memoria de lo percibido en comarcas ajenas y mezclar todas las impresiones en cuadros autónomos que renuncian tanto a lo figurativo como a lo abstacto. La distancia es de suma importancia para que los cuandros sean arte y no meramente ilustración.
En su estudio prepara el lienzo. Trabajosamente va edificando sus figuras geométricas y por allí dónde se juntan las figuras puede que ella misma, por un momento breve, reconozca las líneas que ha estado observando durante sus viajes, pero para nosotros, el público, no hay nada reconocible. Y así, poco a poco, los cuadros van transformándose en paisajes. No en representaciónes de paisajes concretos – de aquella montaña o de aquel valle – sino en paisajes universales. O sea, del trabajo de aplicar los colores sobre el lienzo salen cuadros, cuadros sin representación de nada, que gracias a los sentimientos y los estados de ánimo que provocan se parecen a la naturaleza.
Las figuras geométricas se construyen por medio del color. El color que está compuesto de múltiples colores y, a veces, parece impregnado de la impresiones de la artista de algún momento de sus viajes, el sol, la lluvia, la luz del amanecer o del atardecer, pero son impresiones tranformadas en la mente de la artista, mezlándose con diferentes estados de ánimo en ella. Algún paisaje que observó en algún momento en algún lugar del extranjero se desvaneció para dar lugar en unas figuras geométricas que no representan nada.
Surge un paisaje que cobra vida autónoma. Surgen construcciones que se tratan de sí mismos, del color y de la interacción de los colores. Además el pintor profesional, en este caso Pia Andersen, tiene ya muchas experiencias respecto a la composición y al equilibrio. Sabe qué hacer para crear harmonía o tensión, o las dos cosas a la vez. Llega el momento en que la obra demanda ser terminada, porque una pintura de este índole tiene una orden compositoria, aunque sea individual, que hay que seguir para que llega a ser una obra entera.

De tal manera, el cuadro se vuelve en cuadro, en un cuadro con su propia autonomía.
Los paisajes van mezclándose con la mente de la pintora. Y así es posible que un sólo cuadro pueda encerrar múltiples paisajes. Hay pintores que han sentido la necesidad de fijar un paisaje especial o un edificio único en ciertos momentos para estudiar y hacer ver cuáles son los efectos de la luz en diferentes momentos del día sobre la forma de una catedral, por ejemplo. Pia Andersen hace lo contrario. Algunos de sus cuadros son como el resumen de sus experiencias.
Se imagina uno que ella ha estado observando un lugar varias veces durante bastante tiempo. Ha observado el zumbar de unos insectos, ha registrado cómo el ir y venir de las nubes cambian la luz – y a la hora de construir sus figuras geométricas van surgiendo tales imágenes e impresiones en la mente. Pero ya no está el paisaje concreto. Pia Andersen utiliza los paisajes y sus estudios de estos para crear cuerpos de color que revelan la composición de la luz, por ejemplo. Estos cuadros aparecen como una suerte de destilado de la naturaleza.

Al mirar los cuadros de Pia Andersen lo que viene a la mente es la afinidad con la pintura constuctivista.
El constructivismo ruso del principio del siglo XX no partió de  una observación tradicional de la naturaleza, no anheló imitar la realidad. Todo lo contrario. Tenía la intención de construir algo que tuviera vida propia. En el constructivismo la geometría es Dios, y predominan cuerpos geometrícos y líneas.
Igual que los cuadros de los constructivistas, los de Pia Andersen están compuestos de cuerpos geométricos, pero la geometría de la artista es inexacta, los colores se mezclan, su trazado es suave y orgánico. En cierta manera, hasta se puede decir que la artista traiciona el constructivismo, que busca claridad, sencillez y una composición más nítida. Lo que busca Pia Andersen es más bien una complejidad ambigüa, mosqueada y colorista. Se podría decirlo también de otra manera más sencilla: tiene ganas de pintar.
Cuesta trabajo clasificar la obra de Pia Andersen y no forma parte de alguna tradición específica (lo cual no significa que no se haya inspirado en varias corrientes). Sin embargo, sus cuadros más recientes representan una prolongación del desarrollo artístico y muy independiente de la artista.
Pia Andersen nació en el año 1960 en el norte de Dinamarca, en donde el país es muy plano y el cielo amplísimo. Los colores predominantes de este paisaje son gris y azul. Estudió en varias academias de arte, entre ellas la Academia de Arte de Cracovia en Polonia al principio de los años 80, que anunciaron grandes cambios en el país.
Sus primeras obras tienen dos características:
Los colores eran muy suaves, la artista utilizaba principalmente tonos grises y pardos, eran pesados los colores, casi como el fango, y al mirarlos vienen a la mente tanto los campos de lignito como el espíritu de la época en Europa del Este.
En los primeros años, la artista aplicaba los colores sobre papel, producido por ella misma, que había pegado previamente al lienzo.
Esta técnica de pintar sobre papel ya la dejó hace mucho; sin embargo, guardó el enorme interés por la materialidad que, tal vez, se deba a su trabajo de los primeros años con la fabricación de papel de diversos materiales de la naturaleza.
En los primeros cuadros, que se exhibieron en Dinamarca y en Alemania hace casi veinte años, predominaba una composición o de una cruz grande que dividía el lienzo en cuadrados, o de un cuadrado o triángulo en el centro del cuadro, en tonos principalmente grises. Eran cuadros con una estructura y una composición bien definidas. Con los años, la estructura se ha ido desolviendo poco a poco para dar lugar a una pintura más sencilla, pero a la vez mucho más poderosa.
Una estancia prolongada en México de 1988 a 1989, más otros viajes largos a América Latina, fueron como un alumbramiento para la artista. Después de estos viajes cambiaron por completo los colores de sus cuadros. Ya de vuelta en Dinamarca, pintó cuadros de gran formato en donde los colores predominantes eran el ultramarino y el carmín. Más tarde fueron introducidos también el amarillo y tonos verdes, y después de una estancia de varios meses en una isla del sur de Dinamarca, en donde grandes piedras yacen pesadamente en praderas suaves, aparecieron formas más redondas en sus cuadros. Es importante, sin embargo, mencionar que sus cuadros no son representaciones de la piedras. Pia Andersen, solamente utilizó las formas redondas para pintar unos cuadros en los cuales la formas surgen de los colores. Otra vez: Se tratan estos cuadros de sí mismos y de su propia composición. Pero, tal vez, se pueda decir que el espectador percibe, que, en estos cuadros, se mezclan la mente danesa de Pia Andersen con los colores de América Latina.
La obra actual de Pia Andersen se presenta con una gran materialidad, es una pintura sumamente rica y sensual. Es una pintura no figurativa, muy orgánica, llena de poesía y muy original, por lo cual la artista está clasificada hoy como una de los artistas jóvenes de mayor importancia en Dinamarca.