Pia Andersen

La vida del color

Las nuevas pinturas de Pia Andersen

1994, exposición monográfica “Flecha azul”, Storstrøm Kunstmuseum, Maribo, Dinamarca; Hjørring Kunstmuseum, Dinamarca, y Kunsthaus Lübeck, Lübeck, Alemania. - Texto: Øystein Hjort, Catedrático jubilado de la Universidad de Copenhague.


El reto clásico del viaje proporciona distancia a lo nacional, lo hogareño; y la distancia produce una visión nueva que puede llevar no sólo a clarividencia, sino también a desarrollo. Esta es la experiencia en la que se basa el universo artístico de Pia Andersen. Desde las tempranas composiciones geométricas – constructivistas - en las cuales predominan colores suaves y apagados, el color en sí ha ido cobrando cada vez más importancia en sus trabajos. Ahora, lo que parece ser el enfoque predominante de la artista es la vida de los colores y el potencial rico de los mismos. Con relación a esta observación, se ha dicho ya repetidas veces que son sus múltiples viajes a América Latina que han inspirado a la artista a usar colores cada vez más vivos e intensos. Se traslada uno y cambia la concepción que uno tiene del color. Sin embargo, los colores no se dejan trasladar así como así. Unos cuantos cuadros pintados por la artista en México hace varios años que luego fueron expuestos en su país de origen, Dinamarca, parecían chillantes y demasiado ruidosos en un ambiente nórdico. Los colores ajenos no se dejaron expropiar. De hecho, Pia Andersen casi no pinta durante sus viajes. Hace dibujos, toma fotos, va experimentado otros paisajes, otros ambientes y almacena impresiones. Luego en casa, pinta a partir de la sensibilidad aguzada que le proporcionan los viajes.

Sin embargo, no cabe duda de que los viajes de la artista y el encuentro con ambientes muy distintos también hayan sido para ella un viaje al terreno vasto de los colores. Empezó ya hace mucho tiempo tal viaje y no ha sido concluído todavía. En el intercambio continuo entre lo cercano y lo lejano, que ahora parece ser ya un modelo, vemos una exploración constante del carácter y de las cualidades del color que nos hace experimentar nuevos e inesperados aspectos de su naturaleza.

En la fase temprana de la pintura abstracta Kandinsky distingía entre forma y color. Sostenía que sólo la forma tiene exsistencia autónoma como reproducción de un objeto o como delimitación abstracta de un espacio o de una superficie. El color, en cambio, no tiene tal autonomía. Si uno, por ejemplo, aspira a darle forma material a un color rojo – tal como succede en la pintura – en primer lugar, este color rojo tiene que poseer un tono especial escogido entre un sinfin de tonos rojos y, en segundo lugar, este tono del color rojo tiene que delimitarse sobre la superficie, es decir, cobrar una existencia dividida de los demás colores usados.

Esta relación entre la forma y el color que es un punto cardinal en la obra programática de Kandinsky, “Sobre lo espiritual en el arte”, parece ser invertida en varias de las pinturas más recientes de Pia Andersen. En estas obras parece ser el color el que tiene exsistencia autónoma. La composición geométrica, “la forma”, no aparenta ser sino que el armazón del color. Se ha dado de antemano, está deliberado y calculado. La vida del color sobre la superficie, en cambio, es espontánea e incluye en sí el proceso de formación. El color mismo crea espacios y dimensiones nuevas. El color da al cuadro sus posibilidades de desarrollo.

“Los cuadros de las piedras” que la pintora pintó en 1992 en Skejten, un lugar desolado en una de las múltiples islas que componen Dinamarca, estaban dominados por una sola forma de la naturaleza: la piedra. Yace en la composición con su propio volumen, su propio peso, pero está penetrada y agrietada de colores que son ajenas a ella. Así la piedra queda ingrávida, volviéndose en superficie. El color se ha transformado en materia, ha cobrado volumen por sí mismo. El color es el que decide.

El problema de “los cuadros de las piedras” fue la forma tomada de la naturaleza, sus contornos “imprecisos” en el armazón constructivista. Las pinturas nuevas de Pia Andersen introducen una forma desarrollada de la piedra, pero que va estirando la composición hacia el marco de la pintura. No hay ningunas referencias a la naturaleza. El cuadro no apunta a nada más que a sí mismo. Está reposando en su propio orden de planos y formas abstractas que se desplazan y se sobreponen.

En rigor, un mundo inmaterial, pero lleno de materia y sustancia. “Un constructivismo poético”, como dijo una vez Pia Andersen al describir sus obras. Aquí el dibujo se sujeta al color, la forma cobra vida únicamente por medio del color. La forma se ha rendido al color.

En el manifesto arriba mencionado, Kandinsky tiene además unas observaciones acerca de la materialidad del color. El color se deja relacionar con otros sentidios que el sentido de la vista, comenta. Algunos colores dan la impresión de ser burdos y pegajosos, otros dan la impresión de ser lisos y sedosos y dan ganas de tocarlos (entre ellos, ultramarino, verde cromóxido, kraplak). Algunos colores parecen suaves (kraplak), otros duros (verde cobalto, azul verdoso óxido), tan duros, en realidad, que parecen secos aún cuando uno acaba de sacarlos del tubo.

En las pinturas más recientes de Pia Andersen, el color ha cobrado una existencia nueva; no porque aparece con un tono especial, como lo exigía Kandinsky, sino porque tiene una materialidad y una presencia que les da a los espectadores la sensación de algo casi tangible. Experimentamos que podemos tocarla, y uno la puede sentir dura como la tierra seca o suave y lisa igual que la seda.

Todas aquellas sensaciones, sin embargo, no están relacionadas con algunos colores en especial. De hecho, es difícil definir los colores utilizados por la artista y ubicarlos dentro de alguna nomenclatura conocida. El color azul se considera tradicionalmente un color frío; en las pinturas de Pia Andersen tiene muchas temperaturas. En resumen, es difícil acercarse a sus colores con las difiniciones comunes y corrientes.

La dificultad tiene que ver con los procedimientos técnicos: El trasfondo de los colores no es solamente el lienzo, sino también papel de diferente índole que la artista pega al lienzo antes de aplicar el color, dándoles a las obras un efecto de relieve, la sensación de espacio y profundidad, los cuales serán subrayados por medio del color.  En las obras de Pia Andersen se aplican los colores en capa sobre capa. Cuando uno las mira de cerca, se va descubriendo un fondo amarillo  bajo el cinabrio. Capas de un rojo más fuerte y cadmio están agregadas antes de que se termine con una capa azul. Está aplicada con una espátula sobre un color semiseco que se agrieta y se revienta, dejándo manchitas de amarillo en el color azul. Partículas minúsculas de rojo parecen estar flotando sobre la superficie. Con tiza de color la artista deja finalmente un velo transparente y casi imperceptible sobre las obras, indicando así otro plano.

Poco antes de morir, el filósofo Wittgenstein dejó unas reflexiones acerca de las posibilidades de conceptualizar, describir y definir los colores. Escribió: “Según Runge existen colores transparentes y colores no transparentes. Sin embargo, esto no significa que se utilicen distintos colores verdes para reproducir un pedazo de vidrio verde y una tela verde sobre el lienzo.”

Puede ser que tenga razón Wittgenstein. Sin embargo, al observar los grandes maestros a quienes se refiere el filósofo, parece obvio que han utilizado diferentes matices del color verde para pintar un vaso, una tela, una piedra o el pasto. En la pintura de Pia Andersen, sin embargo, el color no define, sino es, simple y sencillamente.

Quizá la distinción clara entre forma (dibujo) y color se deba a una convención o a la historia. Quizá la distinción que hace Kandinsky entre forma y color tenga origen en el antiguo contraste entre las composiciones nítidas de la pintura de Florencia y el empleo tan directo y sensual del color entre los antiguos maestros de Venecia. De hecho, la cuestión de forma y color ha dado origen a dos corrientes distintas con actitudes distintas frente a la expresión artística. Y parece que concepto y racionalidad predominen sobre sensación y sentimiento. Es al revés en la obra de Pia Andersen. En sus cuadros existe el color, está empapado de vida, en sus cuadros el color es predominante.