Pia Andersen

Pia Andersen – Cuadros entre intención e intuición

2001, exposición monográfica: "La Vera", Galerie Edition Copenhagen. Copenhague. - Texto: Doctora Rosemarie E. Pahlke, Directora del museo Museum am Ostwall, Dortmund, Alemania.

 

 

Los cuadros de la artista danesa Pia Andersen son como viajes a otro mundo, a primera vista a otro mundo extraño, y a la vez como un retorno al lugar de origen y un recuerdo de las experiencias vividas. En los cuadros se relaciona el mundo real con la imaginación de un mundo interior en un tejido de colores cuyo olor se siente hasta mucho después. Aplicando el color metódicamente y con pastosidad – es decir por medio de cierto ritmo – Pia Andersen va llenando el lienzo de una estructura en capas, dejando que las capas de abajo se vislumbran en la superficie, lo cual produce un interacción interesante entre transparencia y densidad, entre pesadez e ingravidez. De tal manera la artista o resalta o rompe la luminosidad de cada color, poniendo en escena la fuerza de la luz, el calor del sol o la fuerza fría de la superficie del mar. Sin embargo, todo esto emerge por medio de los colores. Se trata aquí del vocabulario de la pintura constructivo-abstracta.

Cuando los cuadros de Pia Andersen se basan en una composición estrictamente geométrica parece que la artista fuera descendiente de los constuctivistas rusos. Pero si uno se fija en los planos que constituyen la composición se percibe un eco de Monet y de los puntillistas. Los planos no se juntan por medio de la regla. Más bien parece como si los planos geométricos anhelaran reunirse. Los puntos de contacto entre estos encuentros son igual de vivos que la estructura interior de los planos. En resumen, lo característico de la pintura de Pia Andersen parece ser una conciliación entre dos desarrollos de estilo que durante mucho se han considerado irreconciliables y que se han ido desarrollando paralelamente.

Al principio del siglo XX, Adolf Hoelzel (1853-1934), en un intento de destinguir entre el arte “subjetivo” y el arte “objetivo”, escribió: “Lo que da origen a una obra de arte es la experiencia subjetiva o las experiencias pueden ser el resultado del trabajo racional con esta misma. En el caso primero, uno se deja guiar por la experiencia y busca transformarla en arte, en el caso segundo, el trabajo en sí con la obra va creando las visiones singulares que surgen de las fuerzas legales de los elementos creativos, mediante el empleo consecuente de los recursos artísticos.” En el caso de Pia Andersen, ya no es posible distinguir entre lo subjetivo y lo objetivo. Al observar sus cuadros uno ya no es capaz de resolver cúales elementos son el resultado de la experiencia de la artista y cúales son el resultado de la dinámica inmanente de los colores.

La inspiración escencial para sus obras, la encuentra Pia Andersen durante sus viajes y sus estancias prolongadas en el extranjero. Sus ganas de sumergirse en otros países y en culturas ajenas empezaron ya en sus años de estudio y, todavía mientras estaba estudiando, se encaminó muy joven a Polonia para inscribirse en la Academia de Arte de Cracrovia. En aquel entonces, había poco intercambio entre el este y el oeste, no se había dado todavía la unión entre las dos Alemanias y nadie se imaginaba todavía que Polonia fuera a ser miembro de la Unión Europea. El enfrentar las condiciones distintas en el extranjero parece haber sido también siempre para la artista un enfrentarse consigo misma. Por lo menos se puede decir que todos los viajes han tenido siempre una influencia notable y enriquecedora en la obra de Pia Andersen.

Cuando Pia Andersen, en la primavera de 1998, presentó una serie de pinturas en Museum am Ostwall en Dortmund se percibían claramente la estancia de dos años en México y los viajes a Centro América y América del Sur. El título de los cuadros – “Terra” – ya indicaba la importancia de la tierra y del paisaje. Después de los cuadros llamados “Terra” las obras de la artista cambiaron de cáracter tanto en cuanto al color como en cuanto a la composición. Surgió una acentuación de lo vertical y los colores se volvieron más oscuros, más pastosos. El impacto único y la luminosidad de los colores corresponden con una estancia de dos meses en Venecia durante el invierno de 1998/99. El hecho de que la artista eligiera pasar exáctamente el invierno en esta ciudad excepcional es otra muestra de lo que busca siempre en sus visitas a otros países y a otras comarcas: el espíritu verdadero de un lugar mucho más allá de los clichés turísticos. A la vez que los viajes representan otra incursión al interior de la artista. Obviamente, no le espanta la soledad que implica una estancia en Venecia durante esta época del año. Esta estación del año con bastante oscuridad, un cielo nublado, días grises, y con pocos impulsos de afuera, la utiliza la artista para concentrarse en sus propias fuerzas espirituales. Los cuadros que pintó inspirados en la estancia en Venecia llevan a menudo títulos que se refieren a la arquitectura de la ciudad. Es el caso, por ejemplo, del cuadro “Vista del Campo San Fantin” que fue un encargo para la nueva Embajada Danesa en Berlín, en donde está expuesto actualmente. El título se refiere a la vez a la dirección de la artista en Venecia desde donde podía contemplar la plaza entera.

En dicha serie de obras, por la primera vez, se nota que la artista se dejó inspirar más en la arquitectura que en el paisaje o en la naturaleza. Sin embargo, sería difícil identificar la arquitectura veneciana – representada por planos y cuadros de color – si no fuera por los títulos o por el intenso estudio de las iglesias Santa Croce y San Marco o de la Giudecca. Otra vez, se trata de la vista interior de las cosas no de su aspecto real.

A fin de cuentas, es la naturaleza que una vez más requiere su tributo.
Las obras más recientes – inspiradas en una estancia prolongada en la costa de España en el año 2000  - parecen tratar el tema cielo y mar, o sea, el paisaje. En dichas obras ya no aparecen bastantes elementos contrapuestos, sino solamente dos planos de múltiples colores brillantes, juntándose en una horisontalidad acentuada. El cambio de color linear alude un horisonte; sin embargo, se insidia inmediatamente tal expectación, ya que en lo que percibimos a primera vista como el cielo predominan los colores oscuros, mientras que lo que supuestamente es el paisaje parece ligero y luminoso.

De este modo, todas las alusiones naturalistas terminan orientando otra vez la atención sobre el mismo proceso creativo y sobre las reglas y la dinámica de este, las cuales no están siempre bajo el control de la artista. “Por eso también me sorprenden siempre mis obras,” comenta Pia Andersen. A pesar del uso de la artista de materiales muy tradicionales – básicamente lienzo y óleo- su manera de utilizarlos siempre resulta experimental. La artista cambia constantemente entre capas de color transparentes y opacas y ya que duran mucho en secarse los colores, se aprovecha de tal lentitud para hacer cambios continuos. De hecho es erróneo utilizar la palabra “pintar” para decribir la forma en la que la artista aplica los colores sobre el lienzo. No usa brocha, sino espátula. Emplea además la espátula como un cuchillo para quitar el color ya seco y dar lugar para aplicar otra capa de color. Por medio de esta técnica logra una superficie de relieve.