Pia Andersen

Relámpagos

2003 - Exposición individual, "Luces Septentrionales", en el Museo Antiguo Colegio de San Ildefonso, México D.F.  y exposición individual en DCA Gallery, Nueva York.- Texto: Allis Helleland, directora del Museo de Arte, Copenhague


En el Museo del Prado está el Coloso, el impresionante cuadro de Francisco Goya de los tiempos de las guerras de Napoleón alrededor de 1808. El cuadro se divide por una línea horizontal. En la sección de abajo, un paisaje oscuro y tormentoso. En la sección de arriba, el cielo con luz y fuego sobre el horizonte que cambia poco a poco hasta transformarse en nubarrones amenazantes, moviéndose con gran velocidad. Sobre la línea horizontal, se levanta la figura de gigantesco hombre desnudo, avanzando con enorme fuerza. Como un mal agüero, El Coloso emerge del paisaje con puños cerrados, hundiendo la cabeza en los nubarrones. Sin embargo, el verdadero drama del cuadro no se revela hasta que uno lo mira minuciosamente y descubre que el paisaje oscuro está vivo, que está poblado de seres humanos y animales diminutos, huyendo precipidamente de una inminencia.

El mismo drama caracteriza los cuatro paisajes pequeños que pinto la artista Pia Andersen en noviembre de 2002. La misma división del cuadro por línea horizontal. Los mismos cielos, los nubarrones en movimiento, las mismas miradas de movimiento, el mismo vuelo en el paisaje, la misma selección de colores fuertes y llenos de dramatismo: verde y azul sobre gris y negro, paisajes sangrientos de color rojo, cambiando hacia violeta con roces de un amarillo venenoso. Un drama acentuado por el propio modo de pintar: Gruesas capas de pintura, sobreponiéndose y hechas con la espátula, toques rápidos, movimientos fuertes, orgásticos y tumultuosos.

El paisaje de Goya son las llanuras extensas de España, despiadadamente quemadas y destruidas por los mercenarios de Napoleón al avanzar. El paisaje de Pia Andersen es el sembradío danés, experimentado e interpretado por ella desde su casa situada en la costa noreste de la isla danesa Selandia, con vista al mar. Desde este punto Pia Andersen sigue el cambio de las estaciones, los cambios en el transcurso del día y los cambios del clima, registrando cómo cambian constantemente la luz y los colores, de una hora a otra, de un día a otro. Registra las impresiones del paisaje externo, transformándolas a su mente, en su  interior, de modo que los paisajes que luego aparecen sobre el lienzo, son más bien paisajes internos, una abstracción. Pia Andersen va construyendo sus paisajes, poniendo capa sobre capa de colores pastosos al óleo, dejando pasar destellos de luz que reflejan en las superficies polifacéticas y casi como relieves.

Los paisajes pequeños fueron pintados durante la furia de las tormentas del mes de noviembre en Dinamarca; constituyen, por ahora, el clímax de su trabajo en este otoño y representan la prolongación de una serie de paisajes de major formato que, Pia Andersen, ha creado en el transcurso de los meses más recientes. En resumen, se puede decir que éstos representan la calma anterior a la tempestad. Todos tienen como punto de partida el cultivo. La tierra sembrada de cereales, mezclados con flores silvestres, el mar como una raya diminuta de luz en el horizonte, siempre muy arriba, y más arriba el cielo sin movimiento, en calma absoluta. Ahí, no hay cielos tempestuosos, no hay nubarrones amenazantes, ni toques rápidos, ningún movimiento violento. Al contrario, se percibe una calma grandiosa, la línea horizontal es estable y el paisaje se envuelve en una luz casi celestial.

Las impresiones cambian según la estación y la hora del dia. Los signos apenas perceptibles de la primavera en los diminutos brotes de color verde claro  sobre la tierra oscura. Frutales repletos de flores blancas. Cielos grandes y lejanos de las noches de verano del norte, donde la luz no desaperece nunca del todo sino suaviza, se disminuye. las amapolas que dan a los sembradíos un color rojo como sangre. El intenso color azul de los acianos, brotando entre el verde oscuro desgarrado por centellas. Las rastrojeras ya quemadas, dejando apenas unos destellos amarillos sobre la tierra café y negra. El follaje dorado y rojizo y la riqueza de colores de las dalias con un cielo entre rojo y rozado a la caída del Sol.

Titulos como refracción, glare y mar de luz revelan que la luz es lo principal. En sus paisajes Pia Andersen maneja la luz de tal manera que a veces parece como si llegara del más allá. Un mundo imaginario, en donde los paisajes se van transformando en imágenes abstractas de la mente. estas imágenes no están muy lejos de las fantasías de Goya.