Pia Andersen

Sobre la pintura de Pia Andersen

1998, exposición monográfica “Cultus Hortorum”, Galería Heer, Oslo, Noruega. Texto: Per Hovdenak, Historiador del arte, ex-director del Museo Hennie Onstad Museum, Oslo, Noruega.


El color es el asunto principal en las obras de Pia Andersen. El color es el tema y el color transmite paseos en tiempo y espacio – experiencia y reconocimiento.

En transcurso de un tiempo breve (la artista nació en 1960 y tuvo su primera exposición en 1985), Pia Andersen ha desarrollado una expresión muy personal que retoma elementos de la pintura concretista del Norte de los años 50 y 60 y, por lo tanto se distingue de la gran mayoría de los artistias actuales de esta comarca.

La expresión personal se vislumbra ya en sus trabajos tempranos de los años de estudios en Polonia (1983-1985). En dichos trabajos el color está íntimamente unido al trasfondo que consiste de papel, hecho y colorado por la artista.
Poco a poco ha ido dejando un fondo compacto de elementos de collage; el color se ha ido liberando y ahora el papel del trasfondo se ha sustituido por el lienzo.
Ahora la superficie está organizada en figuras geométricas, a menudo en rectángulos. Estructuran las relaciones entre cuantidades de colores y rompen la superficie como si fueran elementos de collage.

Así se libera el color y la exploración de la cualidad del color, matices y contradicciones llegan a ser el motivo principal de la obra. Las figuras concretas y geométricas son referencias o a perfiles y espacios del paisaje o a fragmentos arquitectónicos.

Las obras parecen agrupadas según el color; cada grupo tiene sus colores específicos y se refiere a los viajes de la artista a lugares remotos, principalmente México y América Latina.

Sin embargo, las obras no son describciones de viajes y no transmiten sus experiencias del lugar visitado. Son más bien elaboraciones sobre sus experiencias y se basan en fotos y dibujos hechos en los lugares que ha visitado.

No pinta en el extranjero, sino va elaborando sus experiencias sobre el linzo ya de vuelta en su estudio en Copenhague y con la distancia geográfica como un elemento activo. Memorias de lo visto y de lo experimentado, luces y colores fuertes y brillantes de América Latina, se van transformando por medio de un temperamento nórdico más frío y bajo las luces más altas y tan distintas de los Países Escandinavos.

La tensión entre lo cercano y lo lejano, entre las experiencias durante un ir y venir sin reposo y un trabajo intenso, paciente y tenaz delante del caballete da a las obras una presencia material y concreta y un empeño que va más allá de las obras mismas.
La autonomía del color, su existencia propia, se acerca a la consumación en las obras más recientes de Pia Andersen, en donde el color intenso y lleno de olores de México se sustituye por un cielo de verano nórdico más amplio en donde no desaparece nunca totalmente la luz, sino se queda allí como una esperanza y un sentimiento fresco de felicidad.